1. La cinta magnética pasa por un cabezal, que es un electroimán con una bobina.
2. El imán capta las variaciones del campo magnético de la cinta e induce corriente eléctrica en la bobina. Es una réplica analógica de la onda sonora original.
3. Esa corriente se envía al amplificador y al altavoz, que la convierte otra vez en vibraciones: el sonido que oímos.
Y al grabar, exactamente lo mismo pero al revés: la corriente entra en la bobina, el cabezal se convierte en imán y ordena las partículas de la cinta.
Parece un simple plástico, pero lleva pegadas partículas metálicas —las que le dan ese brillo— que se pueden imantar. En la cinta virgen apuntan al azar y no suena nada. Grabar es ponerlas en orden.
Si el anillo de hierro estuviera cerrado, el campo se quedaría dentro y no magnetizaría nada. La rendija —el entrehierro— obliga al campo a salir por un punto muy pequeño, justo donde roza la cinta. Como tapar con el dedo la boca de una manguera.
Un tercer cabezal desordena otra vez las partículas y la cinta queda como nueva. Se puede volver a grabar encima tantas veces como quieras. Esto el fonógrafo no lo podía hacer: el cilindro de cera se tallaba y ya está.
El diámetro de las bobinas cambia todo el rato conforme se enrolla la cinta. Si ellas mandasen, la música se iría acelerando. Por eso hay un eje —el cabrestante— con un rodillo de goma que aprieta la cinta contra él: la velocidad la fijan solo esos dos.
Cuanto más deprisa corre la cinta, mejor salen los agudos, porque cada onda ocupa más milímetros de cinta y el cabezal la distingue mejor. Por eso los estudios grababan rápido y las cintas de casete, que van muy lentas, sonaban peor.
1898 — Valdemar Poulsen graba sonido sobre hilo de acero. Funciona, pero aún no existe la amplificación y apenas se oye.
1928 — Fritz Pfleumer, en Dresde, tiene la idea de pegar polvo de óxido de hierro sobre una tira de papel. Ahí nace la cinta.
1935 — AEG presenta el Magnetophon en la Feria de la Radio de Berlín, con cinta de BASF. Venía en tres maletas. Nace en Alemania en los años 30, como dice el libro.
1941 — Walter Weber descubre casi por casualidad la polarización de alta frecuencia: añadiendo un tono inaudible, el ruido cae en picado y la cinta pasa a sonar de verdad bien.
1945-48 — Jack Mullin se lleva dos máquinas de la radio de Fráncfort a Estados Unidos. Bing Crosby, que odiaba emitir en directo, paga el desarrollo. En 1948 llegan los primeros Ampex: es cuando se comercializa de verdad.
1963 — Philips presenta el casete. La grabación se vuelve doméstica: esas cintas que tienen tus padres en un cajón.
| Fonógrafo | Magnetófono | |
|---|---|---|
| Editar | imposible | cortar y pegar |
| Borrar y reusar | no | sí |
| Duración | 2 min | media hora |
| Calidad | voz de lata | casi como el directo |
| Varias pistas | no | sí |
El fonógrafo convirtió el sonido en un objeto; el magnetófono lo convirtió en algo que se puede manipular.
Cuando tienes un juguete nuevo, te apetece jugar con él. 1948: Pierre Schaeffer estrena en la radio francesa sus primeros estudios de ruidos. Un matiz que casi nadie cuenta: aquello todavía estaba hecho con discos; el estudio se pasa al magnetófono hacia 1951.
1951 — En Colonia se monta el primer estudio del mundo dedicado a la música electrónica. Stockhausen compone allí pegando trocitos de cinta uno a uno; en la partitura de Studie II las duraciones están anotadas en centímetros de cinta.
1966 — «Tomorrow Never Knows». Los Beatles prepararon unos treinta bucles de cinta y usaron cinco. Los hicieron desconectando el cabezal de borrado, para que el bucle se grabase encima de sí mismo. El día de la mezcla había máquinas repartidas por todo Abbey Road y técnicos sujetando lápices dentro de cada bucle para tensarlos.
«Strawberry Fields Forever» es el ejemplo de manual de empalme: dos tomas en tonos y tempos distintos, unidas hacia el segundo 55 acelerando una y frenando la otra hasta que coincidieron.
El sonido no es una grabación histórica: es una reconstrucción hecha con síntesis. Se parece bastante, no es una medición. Y el microscopio exagera muchísimo el tamaño de las partículas para que se puedan ver.
París 1951 · Colonia 1953 · Abbey Road 1966
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Estudio de música electrónica · A Coruña
El sonido en imanes
Vas a ir montando el magnetófono pieza a pieza sobre la mesa, con el microscopio abierto al lado para ver lo que pasa dentro del cabezal. Después grabas, escuchas, y al final entras en el taller: cortar, pegar y poner la cinta del revés, como en 1951.